Patch&Go
by PLG
Siempre la recuerdo así: sentada, cosiendo, rodeada de telas a punto de convertirse en algo mágico. Para mi madre, bordar no era una tarea, era felicidad pura. Cada puntada era un verso silencioso. Y el momento más luminoso no era terminar la pieza, sino regalarla: ver la cara de quien la recibía era su mayor recompensa.
Sin ella saberlo, me estaba pasando el testigo.
Hoy continúo esa cadena, y elegí la camiseta como mi lienzo: la prenda más atemporal que existe, la que acompaña a cualquier edad y a cualquier momento. No hago prendas, tejo memoria.
Cada camiseta que sale de mi taller lleva esa misma poesía y ese mismo amor incondicional, tal como ella me enseñó.